A la memoria sepultada en sus ruinas

En uno de sus ensayos más breves, “Lo fugitivo permanece y dura”, haciendo gala de su legendaria erudición, Augusto Monterroso indaga en el origen de estos versos de Quevedo: “huyó lo que era firme y solamente / lo fugitivo permanece y dura”. Es una historia fascinante que finalizará años después de manera sorprendente en un capítulo de “Los buscadores de oro”: la fuente resulta ser un epigrama en latín cuyo autor italiano es un probable antepasado de Monterroso. 

   En “A Roma sepultada en sus ruinas”, el soneto de Quevedo que contiene los versos antes mencionados, la visión de la corriente inalterada de un río atravesando una ciudad en ruinas, revela el milagro de la fugacidad de lo firme y la firmeza de lo fugaz. Algo similar ocurre en las casas “arruinadas” que integran Arquitectura de la memoria de Roberto Rodríguez. En esta nueva muestra, en la que Roberto continúa su indagación acerca del deterioro y el desgaste de los espacios y objetos conocidos, la casa que recorrimos en Huésped se ha vaciado, encogido, multiplicado y destruido. En la desolación de una casa, lugar emblemático de lo íntimo y lo privado, de nuestras primeras relaciones y recuerdos, miramos a la memoria sepultada en sus ruinas: pedazos de muros y paredes que a duras penas se sostienen.  

   Hay en este empeño una invitación insistente a mirar hacia el pasado, a mirar lo que permanece en lo que parece perdido: las huellas de los instantes o momentos que componen y sostienen una vida. Así como nuestra incompetencia, la guerra o los terremotos pueden destruir las edificaciones que construimos, también nuestros recuerdos (edificaciones más precarias) pueden ser destruidos si dejamos de buscar y olvidamos. Pero un buen día, por accidente, descubrimos que un aeropuerto guarda los restos de más 200 mamuts. Sus huesos nos traen su recuerdo como un recordatorio: Nada puede olvidarse. Nada puede perderse. El universo es en sí mismo un vasto sistema de memoria. Mire atrás y encontrará el origen del mundo.

   La obra de Roberto Rodríguez es en sí misma un vasto sistema de memoria. Así como las estrellas que vemos en el cielo nocturno son luz viajando en el espacio, las casas que integran Arquitectura de la memoria son memoria viajando en el tiempo. 

Rafael Cessa

_____________

 

1 Su anterior exposición, inaugurada el 14 de febrero de 2017 en la Galería de Arte Contemporáneo del IVEC en Xalapa. 

2 Jeanette Winterson, La niña del faro.